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domingo, 16 de noviembre de 2008

Realms of the Unreal

Darger’s imagery, when it details mayhem and sometimes the lurid mistreatment of little girls, can be distressing. An observer characterized a picture in a sunny landscape in which images of children, exotic flowers, butterflies and exploding bombs were joined as “being like Beirut.” The only possible response in such instances is that art, being often fashioned from artists’ obsessions, is rarely a vehicle for the description of perfection: Darger created art from the visions available to him.
Viewers are also perplexed by the clearly androgynous anatomy of Darger’s nymphettes, curiously enough a trait never in evidence among the seven angelic Vivian girls. It is not possible to fathom the causes or intricacies of Darger’s fantasies, but it should be said that his public behavior appears to have been without blemish. A saintly man who frequently attended Mass, Darger saw himself as the ardent protector of children. He could, therefore, in his words and images, subject his creatures to terrible trials from which it was in his power to rescue them. The wars, fires and tempests that form the context of his art undoubtedly reflect an unconscious conflict that seems to have given him little respite. God was Darger’s protagonist and consequently the conflict could be nothing less than cosmic. This poignant struggle is extensively documented in the artist’s diaries, which record by turns his pleading and rancorous exchanges with the Creator. If Darger’s fantasies often hovered on the fringes of sanity, his art enabled him to transform his obsessions into a luminous production that, in its best moments, transcends the pain and circumstances of its making.

Darger, los reinos de lo irreal

Henry Darger (1892-1973) creó su obra en un aislamiento total y en ella invirtió toda su vida. Se reconocía como artista y escritor, pero jamás buscó público o un editor. Se crió en un orfanato católico para niños deficientes mentales, tras la muerte de su madre durante el parto de su hermana, a la que nunca conoció.
Darger escapó de aquel hospicio a los dieciséis años, pero al descubrir que su padre había muerto tres años antes, debió mantenerse desempeñando trabajos manuales, como haría durante los siguientes 50 años. Su vida empieza entonces a tomar un patrón fijo: asiste regularmente a misa, a veces hasta cinco veces al día; recolectaba ingentes cantidades de basura de la calle y se relacionaba con poca gente.
Su único amigo conocido, William Shloder, compartía con Darger el proyecto de fundar una Sociedad Protectora de los Niños, sin embargo Shloder dejaría Chicago a mediados de los treinta.
La vida real de Darger es trágica, llena de contradicciones y frustraciones intelectuales y emocionales. Empezó su gran obra In the Realms of the Unreal a los 19 años y la continuó durante 63 años, prácticamente hasta su muerte. El proyecto de Darger sobrepasó todos los límites de lo razonable y se materializó en un obra mecanografiada de 14.283 páginas, agrupadas en 13 volúmenes, llena de collage, dibujos y cientos de descripciones y anexos.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

La tercera dimensión de Hope Kroll




Hope Kroll se presenta. Asegura que empezó por diseccionar libros antiguos, buscó en ellos sus fotos de las aves e insectos, la maquinaria obsoleta y anticuada y los aparatos para procedimientos quirúrgicos.
La collagista Hope Kroll combina estas imágenes para crear un mundo de pesadilla inspirado en los gustos de El Bosco, Peter Bruegel, Henry Darger, Joseph Cornell y Terry Gilliam. Su trabajo es casi un nuevo género. Historias con imágenes que son sometidas a una forma más elevada, ya que perturban y deleitan mientras que invocan gratos recuerdos y despiertan oscuros temores.

 
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